¿Por qué necesitamos darle la vuelta a la clase?

“Me lo contaron y lo olvidé; lo vi y lo entendí; lo hice y lo aprendí”. Siempre me llamó la atención esta frase del filósofo chino Confucio. Viene a destacar, si la extrapolamos a terreno educativo, la importancia del aprendizaje significativo, de que el alumno tenga un papel activo en el aula. Pero, lamentablemente, a veces nuestros alumnos no tienen ese protagonismo que deberían. En una clase magistral, por ejemplo, “hacen” muy poco. Tiene un papel, de hecho, eminentemente pasivo. ¿Cómo podemos darle la vuelta a todo esto? El enfoque flipped classroom pone el énfasis en el “hacer” en lugar de en el “contar” o en el “ver”, y consigue, además, que el alumno tome las riendas de su propio aprendizaje, pues destierra su papel pasivo del aula.

El éxodo de los contenidos teóricos; del libro de texto a lo audiovisual

Seguro que ya sabes cómo funciona la flipped classroomen teoría. Consiste en trasladar la explicación teórica unidireccional fuera de clase con el objetivo de invertir la mayor parte del tiempo de aula en refuerzo del aprendizaje. El acento se pone en cómo los alumnos interrelacionan con el conocimiento y no en la mera transmisión de este. Pero no os asustéis, con la flipped classroomno significa que ahora no explique, como alguna vez me han dicho, sino que ahora explico de manera diferente; esa explicación que los alumnos oían de forma pasiva y que ocupaba la mayor parte de la hora de clase, es la que ahora está fuera del aula.

La primera decisión que tomé fue el hecho de usar YouTube como plataforma base para mi flipped classroom, y a través del canal “La cuna de Halicarnaso” me propuse trasladar ahí nuestro temario, teniendo en cuenta varias cuestiones importantes:

  • Dividiría cada unidad en tres o cuatro vídeos de no más de quince minutos.
  • Aparecería yo mismo en los vídeos, para que mis alumnos no perdiesen nunca el feedback, acompañado de diapositivas explicativas del tema.
  • Enriquecería los vídeos con otros recursos audiovisuales; de imágenes o gráficos a escenas de películas o incluso de Los Simpsons.
  • Haría uso del humor con un gago broma inicial con la que motivar al visionado del vídeo.

Hasta que comencé esta aventura en YouTube, yo no era ningún experto en la edición de vídeo. De hecho, aún sigo sin serlo, pues de lo único que hago uso es de varias herramientas muy fáciles de usar y que me reportan casi infinitas posibilidades. El software que uso como cabecera es iMovie, un programa gratuito para Mac. Todo, desde la grabación a la edición, lo hago con él. ¿Qué más necesito para grabar los vídeos? Un micrófono externo que me ofrezca buena calidad de audio y la webcam del Mac. Si queremos darle un toque divertido a nuestros vídeos, un croma verde nos podrá hacer viajar a infinidad de lugares. Y nada más. Ah, sí, ingenio. Intento que cada vídeo ten

lucero

ga algo nuevo, algo especial que “obligue” a mis alumnos a no perdérselo. Y, en la mayoría de las veces, lo consigo.

La revolución en el aula; de alumnos pasivos a alumnos que hacen y piensan

¿Y qué ocurre en clase? Pues magia. De verdad; nada reporta mayor satisfacción como verte rodeado de una treintena de alumnos trabajando, aprendiendo y divirtiéndose en clase. Pero antes, es indispensable que a principios de curso lleguemos a un trato con nuestros alumnos, dejándoles muy claro en qué va a consistir nuestra “clase invertida” ——-> 

s muy importante la sesión de repaso inicial, pues sirve para resolver dudas y afianzar el contenido visto en el vídeo. Intento siempre que ellos lleven la iniciativa con preguntas del tipo, ¿cómo comienza el vídeo? ¿qué os ha parecido interesante? ¿por qué es importante esta cuestión? Y de ahí que surja el debate. Lo garantizo: para los alumnos resulta altamente gratificante el poder demostrar lo que han aprendido viendo el vídeo. Tras la sesión de repaso, llegan las del “hacer”. Aquí tenemos un trabajo doble: no solo hay que invertir tiempo en editar cada vídeo, sino también en programar actividades variadas y entretenidas con las que reforzar los contenidos.

Mis actividades de clase favoritas son:

  • Rutinas de pensamiento: con las que reflexionar y pensar sobre los contenidos.
  • Preguntas y respuestas: juegos —Kahoot, por ejemplo—, con los que afianzar los contenidos de manera lúdica.
  • Actividades de escenificación.
  • Investigación: pequeñas investigaciones, haciendo uso del equipo informático, del centro, con las que profundizar en algunos contenidos vistos.

Y al final, ¿merece realmente la pena?

Sí, merece la pena por cómo los alumnos se muestran más motivados, porque ninguna clase es igual a la anterior, por la expectativa ante los vídeos. Y por cómo te das cuenta de que con una “clase invertida” los alumnos no hacen más que reforzar los contenidos una y otra vez; en casa tomando apuntes y en clase repasando, debatiendo, haciendo un kahoot o una rutina de pensamiento. Y al final, como me dijo un alumno a mediados de curso, “así no necesitamos estudiar”. Es cierto, porque, sin que se haya dado cuenta, ha aprendido en cada sesión, en cada actividad a la que jamás podría haberle dedicado tiempo si en clase hubiese tenido que seguir impartiendo la lección a todos mis alumnos por igual, como se ha hecho siempre.