Artículo extraído íntegramente del extra “Formación Online” de la edición impresa del diario El Mundo.

Internet y las nuevas tecnologías facilitan la aparición de este modelo en el que la teoría se estudia en casa y los deberes se hacen en el colegio

Laura tiene 15 años y, mañana, en la asignatura de química, le toca hacer prácticas en el laboratorio para conocer los elementos de la tabla periódica. Su profesor, en vez de dedicar una clase a explicar las medidas de seguridad, ha decidido grabarlas en un vídeo que, gracias a Internet, Laura podrá ver desde casa. Ese vídeo se convertirá esta tarde en su clase teórica. Mañana, cuando acuda de nuevo al cole, empezará directamente con las prácticas, es decir, los deberes. Esto es lo que se conoce como flipped classroom, una modalidad educativa en la que los papeles se invierten: la teoría se hace en casa y los ejercicios en el aula.

   También denominado modelo de la clase invertida, este sistema educativo busca dar la vuelta la metodología tradicional y convertir el aula en un taller donde los alumnos nos aplican los conocimientos adquiridos fuera de ella. De esta forma, el profesor deja de ser la persona que imparte la clase para convertirse en un guía de los estudiantes, a los que puede dedicar más tiempo para resolver sus dudas y guiarles por los contenidos.

   La metodología fue desarrollada en 1990 por Mazur Erick, decano del Área de Física Aplicada de la Universidad de Harvard, quien en un primer momento acuñó como peer instruction o instrucción entre pares. Uno de los problemas que identificaba el profesor Mazur durante el desarrollo de las clases tradicionales era que éstas adquirían la forma de monólogo, siendo el profesor protagonista y el estudiante un mero sujeto pasivo. Esto dificulta que los alumnos pensasen de manera crítica, provocando en ellos desinterés, al punto de memorizar los conceptos sin llegar a comprenderlos.

   No fue hasta el año 2007 cuando se creó el concepto flipped classroom. En un país como Estados Unidos, con una tasa de abandono escolar superior al 30% -cada año más de 1.300.000 alumnos abandonan sus estudios- Jonathan Bergmann y Aaron Sams, profesores del instituto Woodland Park en Colorado, ayudados por una simple cámara de vídeo, empezaron a grabar los contenidos de sus clases y a publicarlos en Internet para motivar a los estudiantes que habían faltado.  Así, éstos podían visualizarlos desde su casa las veces que fuera necesario.

   El enfoque gustó y las lecciones online se fueron ampliando y propagando rápidamente. Ambos profesores comenzaron a dar charlas sobre ese sistema a otros colegas, que empezaron a usar los vídeos como forma de enseñar a los alumnos, reservando el tiempo de clase para la realización de los ejercicios y la resolución de dudas. De esta forma surgió lo que ahora se conoce como aula al revés.

Este modelo se puede aplicar a todos los niveles educativos y materias específicas

   En el verano de 2013, este enfoque llegó a España de la mano de Javier Tourón, catedrático de la Universidad de la Rioja, y Raíl Santiago, director del Máster de Metodologías y Tecnologías Emergentes Aplicadas a la Educación del mismo centro. ‘Decidimos comprar el dominio www.theflippedclassroom.es y comenzar un  proyecto que recogiese las experiencias, recursos y herramientas necesarios para dar a conocer este modelo pedagógico’, señala Santiago. En la actualidad, esta web cuenta con 3.000 docentes inscritos y tiene más de 2.000.000 de usuarios.

   Fue ese mismo año 2013 cuando el Colegio San Gabriel de Zuera (Zaragoza) decidió adoptar este tipo de enseñanza. Hoy es el único centro de España reconocido íntegramente como flipped school. ‘Hay colegios que trabajan algunos cursos o materias siguiendo este enfoque. La diferencia radica en que nosotros trabajamos desde infantil y hasta bachillerato en todas las asignaturas según el modelo flipped’, explica Teresa Berdié, responsable de comunicación del centro.

   Su camino para llegar al lugar donde esta hoy no ha sido sencillo . Hace solo seis años, con una tasa de abandono en Secundaria del 30%, unido a la incapacidad de los profesores para motivar a los alumnos y atraer otros nuevos, San Gabriel estaba a punto de echar el cierre. Ante el desconocimiento sobre qué hacer, contactaron con el Grupo MT, especializado en innovación educativa. EL bilingüismo (de forma exclusiva) no era una opción, ya que en pocos años todos los centros de la comunidad apostarían por él y querían diferenciarse del resto. Tenían que innovar.

Radiografía

  • 31% es la tasa anual de abandono escolar de EE.UU., cifra que da lugar al flipped classroom.
  • 7.200 alumnos dejan cada día los estudios en EE.UU.
  • 81% de los profesores reconoce que la tecnología facilita el aprendizaje de los estudiantes.
  • 38% de los docentes cree que no está formado para poder aplicar este modelo.

   Renovarse o morir, se dijeron, y hace tres años apostaron por el enfoque flipped. Así, de apenas un centenar de estudiantes, hoy superan los 350; la tasa de abandono se ha reducido a la mitad; y alumnos y profesores van motivados a clase.

   Este cambio en las aulas es posible gracias a la revolución de los ordenadores, por lo que ‘cuanto más nativo digital sea el niño, más fácil es su aplicación’ dice Berdié. Por su parte, Santiago apunta: ‘Este modelo se puede implementar en todos los niveles educativos y materias específicas, siempre y cuando el docente realice un análisis delos contenidos y recursos más adecuados’.

Cómo convertirse en un flipped teacher

   Según The Flipped Classroom, plataforma online que busca dar a conocer y potenciar la presencia de este modelo educativo en las aulas españolas, cinco son los puntos que deben seguir los profesores para ser tecnológicamente eficientes. Como en cualquier otro ámbito, el primer paso consiste en empezar desde cero e ir aprendiendo poco a poco.

   En este sentido, el 38% de los docentes considera que una mejor formación universitaria en los principios de la tecnología sería más útil para adoptar el enfoque flipped en los colegios e institutos. Esta cifra es especialmente relevante entre los docentes mayores de 43 años. Para hacer frente a esta desventaja es necesario un reciclaje profesional (segundo paso).

   Por ello, el 76% de los maestros considera necesarias las jornadas de formación presencial. Éstas deben completarse con otras de tipo online (tercer paso), que ayudan a los docentes a familiarizarse con el uso de las nuevas tecnologías. El cuarto radica en crear una comunidad virtual para que los profesores puedan compartir sus experiencias. 

   En este sentido, el 80% reconoce ser de gran ayuda al poder descargar lecciones de otros docentes que, desde el principio, se integren a sus habilidades tecnológicas. Por último, es necesario contar con un soporte acorde al tipo de formación que se quiere impartir. Por ejemplo, una tablet. El 70% de los encuestados se queja de no poder acceder fácilmente a los recursos docentes. 

   Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) son parte del día a día de los alumnos. ‘Internet ofrece muchos puntos de acceso a la información. Los contenidos no se encuentran en un lugar específico, sino que están en todas partes, en la nube’, continúa Santiago.

   Las tablets sustituyen a los libros y se convierten en el principal soporte de estudio; las redes sociales, en un espacio para el intercambio de dudas; y los vídeos -de una duración en torno a cinco minutos- en la herramienta que utilizan los profesores para impartir los contenidos. En este sentido, según una encuesta llevada a cabo en EE.UU. entre más de 1.000 profesores de educación Primaria y Secundaria, el 31% consideraba que el uso de la tecnología dentro del aula facilitaba el trabajo a los estudiantes, aunque 60% reconocía no tener la suficiente formación para aplicarla a la docencia.

PARA TODOS LOS NIVELES

   Dichos vídeos se adaptan a los procesos de asimilación y procesamiento de cada alumno. ‘Un estudiante puede comprender determinada información con un único visionado y otro puede ver el vídeo las veces que necesite. Todo esto promueve la motivación de aprender, ya que no existe la presión del ‘quedarse atrás’, añade Santiago.

   Asimismo, se han creado aplicaciones que permiten saber si el alumno ha visto el vídeo íntegro o no; las dudas que le han surgido -por las paradas y repeticiones-; y el nivel de comprensión del mismo, ya que al final del tutorial se añaden preguntas que el estudiante debe responder.

   Estos cambios permiten buscar estrategias de gestión del aula completamente diferentes a las que se han venido utilizando hasta entonces. ‘Se adaptan los contenidos al nivel y al ritmo de aprendizaje de cada alumno, por lo que en el mismo aula pueden convivir un niño con Síndrome de Asperger, otro con deficiencias visuales y un tercero con alta capacitación. Esto nos convierte en una escuela inclusiva al 100%’, destaca Berdié.

   Su aplicación , además , ayuda a descubrir genios escondidos: niños que con la metodología normal pasan desapercibidos y no se atreven a levantar la mano para preguntar, se convierten ahora en los más activos y en los que mejor hacen los deberes.

   Sin embargo, la puesta en práctica es también su principal desventaja. ‘Hay docentes y familias, además de los propios estudiantes, resistentes al cambio de modelo. Nosotros mismos observamos recelo en cuanto a la utilización de los recursos digitales porque se ven como una distracción  en vez de como una fuente de conocimiento potencial’, opina Santiago.

La innovación tecnológica es clave en el éxito de este enfoque

   Pero no solo cambia la forma de trabajar, también lo hace el espacio. Se acabaron los pupitres individuales, los niños comparten mesas e interactúan entre ellos y con el profesor para resolver los problemas que van surgiendo. Y ya no se pide silencio, sino que el ruido es un compañero más.

   Todo ello hace que Berdié compare este tsunami educativo con el que fue, en su momento, el bilingüismo: ‘Todos los coles van a terminar imponiendo la mochila digital y este es el primer paso para adoptar el flipped classroom‘ señala. El pasado junio se graduó la primera promoción de alumnos que han cursado bachillerato siguiendo íntegramente este modelo. ‘Los resultados han sido excelentes’, apunta Berdié. ‘Ha habido un 100% de aprobados en Selectividad. Además, han mejorado sus competencias técnicas, matemáticas y lingüísticas’, dice. No solo eso. Al trabajar ámbitos propios de la vida laboral, como las exposiciones con público, mejoran las habilidades comunicativas y sociales de los alumnos.

Un modelo que también repercute positivamente en el ambiente de las clases. A alumnos más felices, mayor predisposición para aprender. Llega el momento de la clase al revés.