Algunos consejos para usar la tecnología en educación, de Jose Julián Prieto

2018-11-19T11:46:15+00:0022 noviembre 2018|Tecnología|

Una simple guía para usar la tecnología en Educación 

Creo que, a estas alturas, no descubro nada nuevo si afirmo que la incorporación de las nuevas tecnologías en el aula supone una ayuda considerable para el profesor y nos abre un abanico de posibilidades que antes no poseíamos.

Sin embargo podemos caer fácilmente en el error de confundir nuestro objetivo, pensando que lo realmente importante es introducir a toda costa las nuevas tecnologías en nuestras asignaturas. En este punto, creo que es interesante reproducir dos frases que se complementan y que pueden ilustrar este planteamiento. La primera de ellas, fue publicada recientemente por Raúl Santiago, en redes sociales afirmando que “La tecnología no transforma la educación, una buena metodología sí”. La segunda, es una frase que acostumbro a utilizar en las formaciones que imparto y que dice “La tecnología no puede sustituir a un buen profesor, pero puede hacerlo todavía mejor”. Evidentemente, la tecnología por sí sola no va a cambiar nada, sin embargo bien usada, puede contribuir a mejorar nuestra práctica docente.

El planteamiento, por tanto, no debe ser “¡qué aplicación más interesante he descubierto!, a ver qué actividad me invento para poder utilizarla en el aula“. Por contra, debemos plantearlo como “¿qué tecnología, qué aplicaciones me pueden ayudar a conseguir el objetivo académico que pretendo?”. Por eso, aunque son muchas las preguntas que deberíamos plantearnos antes de incorporar la tecnología a nuestras aulas, centrémonos al menos en estas 7:

  1. ¿Cuento con la infraestructura necesaria? Es posiblemente el punto crítico que antes debemos analizar, ya que de ello va a depender en gran medida el éxito o no de cualquier solución tecnológica que queramos acometer en el futuro. Mucho antes que gastar dinero en equipos o en software, el centro educativo debe considerar la infraestructura como un aspecto estratégico clave y dedicar todos sus esfuerzos materiales y económicos, en asegurar que cualquier acción que después emprendamos como docentes, va a ser soportada por la infraestructura del centro. Por esta razón es importante analizar si el centro cuenta con un cableado adecuado, puntos de acceso inalámbricos suficientes, un ancho de banda que soporte el visionado de vídeos en streaming por varios ordenadores, configuración de servidores, seguridad de las redes y un largo etcétera.
  2. ¿Tiene cabida en mi metodología? Como he comentado anteriormente, no se trata de incorporar tecnología porque sí, sino que la tecnología nos ayude a trabajar de otra manera sin perder de vista nuestros objetivos académicos. Por eso debemos analizar si la tecnología que queremos incorporar, nos aporta una utilidad real, añadiendo nuevas posibilidades en nuestra metodología.
  3. ¿Es fácil de aprender para el profesor? El tiempo es un recurso muy limitado. La tecnología debe ser una herramienta útil para el profesor, no algo que le complique la vida. Este es uno de los principales escollos, algunos profesores perciben la tecnología como una complicación más añadida. Además, en un entorno tan cambiante como éste, se hace indispensable contar con herramientas que sean sencillas de aprender en su manejo. Después quedará a criterio del profesor el tiempo que va a dedicar a elaborar materiales de aula con dichas herramientas.
  4. ¿Es fácil de utilizar para los alumnos? En el aula tampoco nos sobra el tiempo. Es fundamental que las herramientas que usemos sean suficientemente intuitivas como para que el alumno pueda hacerse con su manejo en muy poco tiempo. Vuelvo a recalcar, que la tecnología es un medio, no un fin, y no podemos dedicar tanto tiempo a aprender una herramienta como a trabajar el contenido académico de nuestras asignaturas.
  5. ¿Es compatible con otras aplicaciones? Podemos considerar esta pregunta desde dos puntos de vista diferente. En primer lugar, evaluar si las aplicaciones están conectadas entre sí, por ejemplo, para ver si es posible exportar los alumnos o las calificaciones de éstos de una aplicación a otra. El segundo enfoque, que a veces pasamos por alto, se refiere al control que tenemos sobre los materiales que hemos creado y la posibilidad de utilizarlos con otras herramientas. Es el caso, por ejemplo, de las aplicaciones para generar test. No es fácil y lleva mucho tiempo, generar preguntas tipo test realmente significativas. Es muy interesante que la aplicación que utilicemos, pueda importar o exportar archivos CSV que es un formato universal. De otra forma, podemos acabar siendo rehenes de la aplicación, ya que las pruebas que generamos con esa aplicación se quedan en ella. Lo mismo puede ocurrir con otros tipos de alojamientos de materiales educativos (Vídeos, infografías, mapas conceptuales, etc). En muchas ocasiones podemos estar a merced de la viabilidad del proyecto del propietario de la plataforma en cuestión.
  6. ¿Podemos asumir el coste? Es importante considerar tres tipos de coste. En primer lugar, el coste evidente de instalación de la infraestructura informática (puntos de acceso, cableado, servidores, firewalls, etc). Supone un coste elevado para el centro, pero es la base de cualquier proyecto tecnológico que queramos implantar.  En segundo lugar debemos contemplar los costes del licenciamiento de las aplicaciones. Si bien existen numerosas soluciones que son gratuitas y que nos sirven perfectamente para nuestra práctica diaria, no es menos cierto que conforme apliquemos estas soluciones al aula, se hará necesario acudir a versiones más avanzadas, para aprovechar todo su potencial.
  7. ¿Permite la interactividad? Si consideramos el uso de la tecnología en un entorno Flipped Learning, es fundamental que ésta lleve al alumno a interactuar con el contenido, con los materiales, que active al alumno, para que seamos capaces de generar un aprendizaje realmente significativo  

Finalmente, y a modo de conclusión, un pequeño consejo… No es necesario utilizar un número elevado de aplicaciones. Experimenta e investiga mucho, pero aplica sólo aquellas pocas aplicaciones que realmente te aportan algo distintivo en clase.  

 

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